SER PADRES SIN CASTIGAR - Capitulo 2

SER PADRES SIN CASTIGAR

ashley@eaznet.com Una publicación gratuita de Norm Lee.

para todos aquellos que estén buscando formas más fáciles y felices de criar a los niños.

Capítulo # 2: Carta a un Futuro Padre

Querido Patrick:

Tu emoción ante el nacimiento de tu primer hijo- que escuché ayer en tu voz mientras hablábamos por teléfono- me llevó directamente de regreso hasta hace 22 años cuando yo tambien estaba a punto de convertirme en padre. Así que te diré lo mismo que le digo a todos los nuevos padres: "Nunca castiguen a ese niño!"

Cuando te dije que nuestros dos hijos habían sido criados exitosamente sin castigos de ninguna clase, me pediste que escribiera acerca de eso en tu revista ["Crecer sin Escuela" de John Holt.]

Cuando estaba pensando, al igual que tú ahora, acerca de qué clase de padre iba a ser, angustiándome acerca del "deber" de "corregir el comportamiento", algo pasó que cambió mi vida: Cayó en mis manos una copia del increible libro SUMMERHILL- Un Concepto Radical de la Crianza Infantil de A.S. Neill. Neill me enseñó acerca de las extraordinarias posibilidades que ofrece el respetar realmente a los niños, confiando en ellos y en el proceso democrático.

Como víctima de un severo abuso infantil a manos de una "cuidadora" brutal en un albergue infantil independiente (en las colinas de Vermont en los años 30), yo no podía ver en un principio muchas alternativas para una "buena cachetada" ó una "golpiza justa", cuando fuera "necesario", ya que yo mismo no había conocido otra cosa. Abandonado por mi madre a los cuatro años y por mi padre a los siete, me mandaron a trabajar para mantenerme a mí mismo.

Trabajé durante cinco años, para servir de camuflaje para una practicante de abortos clandestinos, en dónde era golpeado fuertemente y con regularidad con un palo, tan sólo por el "pecado" de ser un niño. Mi indoctrinación acerca del azufre y el fuego del infierno del fundamentalismo cristiano, inculcó en mí la creencia de que yo merecía las frecuentes palizas y vergonzosas humillaciones por haber nacido en pecado. A soportarlo sin protestar ya que mi recompensa sería el cielo, sin esperar felicidad en esta vida.

En mis años en la universidad descrubrí que había otras maneras de controlar el comportamiento de los niños. Sin embargo, como estudiante de filosofía, me sentía acosado por la interrogante de: ¿Control con qué propósito?.. y ¿Para quienes? Más tarde, cuando fuí maestro en una escuela pública, jamás utilicé el castigo, nunca mandé a un alumno con el director y sin embargo nunca tuve problemas con la disciplina. A pesar de ésto, al estar cerca de convertirme en padre, asumí que tendría que golpear, porque estaba decidido a ser un "buen padre". (tal es la fuerza de de los roles que nos asigna la sociedad.) Pero no podía aceptar eso y me preguntaba si no habría una forma mejor de tratar a los niños.

Así que me puse a investigar en la literatura psicológica, pero no encontré ninguna otra alternativa al condicionamiento de los premios y castigos, del palo y la zanahoria de los comportamentalistas. Cualquier alternativa para el asalto, era considerada como subterfugio, engaños ó mentiras descaradas. A mí me parecían todos ventajas manipuladoras y explotadoras del adulto hacia la inocencia y la confianza y todas eran irrespectuosas, degradantes y poco éticas y ciertamente dañinas. ¿ Si no podemos hacernos merecedores de la confianza del niño, entonces quienes somos? ¿Si la la confianza en nuestra palabra y protección no es sagrada, entonces qué es?

Más tarde aprendí que casi todos los norteamericanos en un grado ú otro tienen una profunda necesidad emocional de dominar y explotar a los niños para satisfacer sus propias necesidades emocionales y que la razón por lo que lo hacen, aunque no conscientemente, es para suprimir el horrible recuerdo de su propia victimización en su infancia.

Yo me dí cuenta de que mi propia experiencia tipo Gulag, no era diferente de la del 95% del resto de los niños. Casi todos son atacados con palos, varas, raquetas y otras armas al igual que yo, ó eran cacheteados, golpeados, sacudidos, pellizcados y pateados. A todos se le gritaba y sufrían humillaciones e indignidades y se les decía que era por su propio bien, pues tal era el mandato bíblico.

Algunos niños hoy en día "sólo" sufren cachetadas, nalgadas, "vete a tu cuarto" ó el hoy en día popular "tiempo fuera". Otros como yo, apenas logran escapar con vida. La lista de aquellos que no sobreviven crece con cada edición de las noticias. A pesar de los encabezados, nuestra espantosa tradición de la violencia emocional y física en contra de los niños continua.

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A los niños les encanta el mundo. Es por éso que son tan buenos para aprender acerca de él.

Porque es el amor y no los trucos y técnicas de pensamiento, lo que está en el corazón del verdadero aprendizaje.

¿Podemos aprender a permitir a los niños crecer y aprender a través del amor?

- John Holt.

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Unos cuantos años más tarde, mis compañeros universitarios, futuros padres y maestros, defendían vehementemente su "derecho", su DEBER, de forzar a los niños, en "cualquier manera que fuera necesaria", a someterse a la autoridad. Pues temían que de otra forma, los internos podrían tomar el hogar, el salón de clases ó el asilo. Argumentaban que mis hijos eran excepcionales ó de lo contrario "robots" condicionados. O que yo tenía una paciencia excepcional (una afirmación que invariablemente provocaba risa). Nada los podía convencer de que el castigo no era necesario- hasta que un día llevé a mis hijos en edad pre-escolar y a su madre a mi clase. Henry y Russell terminaron con cualquier discusión tan sólo su naturalidad y autenticidad. Los encantaron con tan sólo con ser genuinos.

Regresando al punto: Empecé por jurar el NUNCA utilizar el castigo físico y con buenas razones, pues no podía arriesgar el desahogar en mis propios hijos, mi ira internalizada a través de mis palizas tempranas.

Más adelante me sentí intrigado por la interrogante filosófica de: ¿cómo se podría justificar etica ó de cualquier otra manera NINGUN castigo hacia los niños? Busqué a traves de la literatura por muchos meses y no pude encontrar ninguna justificación válida. El argumento a favor del castigo se reducía a lo siguiente: El niño debe someterse a nuestra voluntad, porque los niños nacen malos y debemos amoldarlos para que se adapten a nosotros y a la sociedad. Razón que claramente no podría ser válida en ningún sentido.

Cuando mis hijos llegaron, me dí cuenta de que no sabía nada. Así que me volteé hacia ellos para que me enseñaran acerca de quiénes eran, cómo aprendían y cómo deberían ser tratados. Fué así como comenzó mi verdadera educación acerca de la crianza de los niños, porque mis propios hijos fueron los que me enseñaron las cosas más importantes que sé ahora.

Mi PRIMERA sorpresa llegó al descubrir lo FACIL que es el criar a los niños cuando no se pretende "enseñarles lecciones". Yo había imaginado que necesitaría desarrollar paciencia- de la cual no tenía una brizna, al descubrir para mi sorpresa que no requería de ninguna. Las alternativas al castigo ahora eran muy obvias para mí y muy divertidas.

La SEGUNDA sorpresa fué el ver lo bien portados, espontaneos y disfrutables que pueden ser los niños cuando no viven bajo la amenaza de la violencia, la humillación ó la "corrección" y cómo ellos buscan naturalmente lo que necesitan aprender- sin lecciones, sin enseñarles ó sermonearlos, ó ninguna forma de coherción. Sin "prepararlos para la vida", sin "doblar la rama", sin formar ni conformar. Sin control autoritario.

La TERCERA gran sorpresa fué el ver lo FELIZ que era nuestra familia en contraste con la represión, competitividad y resentimientos subyacentes tan evidentes en otros hogares, esas pesadas vibras que matan la espontaneidad y calidez. Al ser testigos de la insensibilidad y descortesía con la que se trata a los niños en las tiendas, hogares y en la calle, mis hijos susurraban horrorizados, "¿Papi, porqué está golpeando al niño esa señora?"

La CUARTA sorpresa para mí fué la rapidez y disponibilidad con la que aceptaban la responsabilidad de su comportamiento y lo maduros que eran comparados con otros de su misma edad. Esta cualidad fue la que más les impresionó a mis estudiantes.

La QUINTA y mayor de las sorpresas fue el cómo un cambio tan sencillo en mi forma de pensar y de ver las cosas- ó sea el desechar la opción de todo castigo- trajo consigo un cambio tan notable y positivo en mí como persona. Al quitarme de encima el peso del concepto del padre como una autoridad castigadora, yo me estaba convirtiendo rápidamente en una persona más comprensiva, compasiva y amorosa.

Mis colegas y amigos empezaron a comentar acerca de este hecho; de como yo era una persona más agradable para estar conmigo y me preguntaban ¿Qué pasó? Yo me sentía mucho más a gusto conmigo mismo, me aceptaba y aprobaba más y por lo tanto empecé a desarrollar una mayor tolerancia y compasión. Tenía mayor respeto y confianza ahora que no era la clase de persona que explotaría ó dañaría a ningún niño. Se me quitó el peso de encima de sentir el conflicto interno de amar a mis hijos por un lado y por otro de inflingirles dolor en nombre del "deber parental". Ahora estoy convencido de que el soltar la mentalidad castigadora puede hacer sentir a una persona más felíz, compasiva y aceptarse a sí misma, inclusive si no tiene hijos propios.

Con ésto llega la inevitable pregunta: ¿Que hiciste en vez de castigar y golpear por alguna desobediencia como por ejemplo el correr hacia la calle? (¿Porqué ponen siempre este mismo ejemplo que es la justificación universal para apalear a los niños "por su propio bien"?) Su madre y yo nos dimos cuenta que el castigar no enseña nada acerca de la seguridad, sino acerca del miedo y de que todo castigo le impone la carga, a veces de vida ó muerte, en el niño, permitiendo a los padres muy convenientemente el evadir su propia responsabilidad acerca de la seguridad del niño. ("¡LE dije que no corriera hacia la calle!")

Los niños y yo decidimos instalar una cerca de alambre barata de metro de altura (ver el capítulo # 1) alrededor del patio delantero en donde ellos pudieran jugar a salvo y a la vista desde la ventana de la cocina. Las veces en que caminábamos cerca del tráfico, nosotros los tomábamos de las manos, sin pláticas acerca de ser atropellados, matados y esas cosas.

En vez de los berrinches a la hora de acostarse que veíamos en otros hogares, desarrollamos una rutina nocturna de limpieza, de sentarlos en nuestras piernas y leerles cuentos además de escuchar música. En nuestras juntas familiares se negociaba la hora de irse a la cama y se decidía por concenso. Al compartir la autoridad, no había ningún problema y era el reloj y no los padres, el que anunciaba la hora de ir a la cama, sin lágrimas ni conflictos.

En las juntas familiares todo podía ser cuestionado y puesto a discusión y negociación a excepción de una cosa: Salud y seguridad. Era aquí en dónde nosotros como padres nos reservábamos un control dictatorial. El mensaje era claro y firme "Nosotros somos responsables de que crezcan saludables y seguros." Es nuestro deber protegerlos, incluso de ustedes mismos si es necesario y pensamos hacer un buen trabajo en este sentido. Pero a menos que podamos justificar un asunto determinado como materia de seguridad ó salud, nadie tiene derecho a interferir en las actividades de tu elección."

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Paises europeos que prohiben cualquier forma de castigo físico en contra de los niños: Suecia, Finlandia, Dinamarca, Noruega, Austria, Chipre, Croacia e Italia.

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Los niños aceptaron eso facilmente- y en verdad estaban encantados con los límites que tenían sentido, combinados con una libertad general para seguir sus propios intereses. Algunas veces les explicábamos los peligros, pero sin inculcarles miedo. Raramente anunciábamos reglas para obedecer y aquellas pocas que hubiera, provenían de las decisiones tomadas en nuestras juntas familiares. Así, los niños pudieron disfrutar de su niñez, con sus serios asuntos de juego y sentir la seguridad del cuidado parental.

La alternativa al castigo no era el abandono, como tantos padres asumen e incluso parecen desear. No es la "permisividad" de aquellos que conocen tan solo los extremos del castigo y el abandono. La alternativa al castigo es aceptar la RESPONSABILIDAD de proveer un ambiente adulto libre de miedo, libre de peligros y libre de la dominación, así como no forzarlo en los niños a traves del castigo.

No te olvides de avisarme acerca del nacimiento. Si alguna vez piensas que es "necesario" imponer un castigo de cualquier forma a tu hijo, llámame primero.- Norm

Henry y Russell, de 35 y 36 años respectivemente, tienen felices y satisfactorias vidas ahora tanto en sus carreras como en lo familiar. Ambos ganaron sus diplomas en la universidad y ninguno de ellos fué a parar a la cárcel a pesar de las advertencias de amigos, colegas y estudiantes de que destrurían las cortinas, arrojarían pintura al papel tapíz, ó quemarían al gato.

PS: Henry y su esposa me han convertido en abuelo. Para todos nosotros, la idea de castigar a la pequeña Charlotte es impensable.

Porqué no podemos esperar.

ESTOY PUBLICANDO ESTOS CAPÍTULOS PORQUE necesitamos tomar en serio el hacer los cambios necesarios acerca de la manera en que consideramos y tratamos a los niños. No podemos esperar otra generación para reducir el odio y la violencia de nuestra sociedad que se deteriora rápidamente, por que el precio del castigo es demasiado alto en sufrimiento humano.

Durante la mayor parte de mi vida hubo el pretexto de que no sabíamos hacer nada mejor. Pero los estudios acerca de las consecuencias a largo plazo del castigo empezaron en los años 40 y durante los últimos 25 años se ha reunido una cantidad sorprendente de evidencia que demuestra la naturaleza contraproducente del castigo. El costo en sufrimiento humano es imposible de calcular. El costo en materia de impuestos asciende a billones de dólares anuales en cuidado médico y terapias en respuesta al maltrato a la pareja, enfermedades mentales, depresión clínica a gran escala, además de un sistema de justicia para lidiar con casi cualquier forma de ofensas criminales de adolescentes, que van desde violación hasta asesinato. La Guerra contra los Niños en Norteamérica ha durado demasiado.

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EL CASTIGO DISMINUYE O DESTRUYE:

1. El amor que te tiene tu hijo.

2. La autoestima, auto-respeto y autoaceptación del niño y tuya.

3. El respeto de tu niño por tí.

4. La capacidad del niño de vivir una vida saludable, con un mínimo de tensión y de conflictos internos.

5. La habilidad de aceptar la responsabilidad propia.

6. La capacidad para amar a otra persona ó a ellos mismos.

7. El derecho a tener un hogar felíz, amoroso, seguro y libre de miedo.

8. La capacidad creativa del niño, así como aprender y más tarde ganar el poder.

9. La oportunidad de crecer para ser padres y parejas no violentas.

10. La oportunidad para los padres de evolucionar para ser seres humanos felices y libres de tensión.

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SITIOS DEL INTERNET Y NOTICIAS. Sitos que vale la pena visitar: www.nospank.net

perteneciente a la organización de Jordan Riak PTAVE (Parents and Teachers Against Violence in Education- Padres y Maestros en Contra de la Violencia en la Educación) Su panfleto "Plática Abierta Acerca de los Golpes" ha sido leida por miles de personas en toda la nación. Tanto su organización, como la de abajo, son no-lucrativas y un apoyo crucial en nuestro apoyo vital de abril.

El día Anual en contra del Castigo Físico- abril 30- es patrocinado por el Centro para una Disciplina Efective de EPOCH-USA (www.stophitting.org )

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Narración.

El extraño caso de los niños que no fueron castigados.

Crayolas en las paredes.

La bella granja en la que vivíamos tenía unos marcos preciosos de roble alrededor de cada puerta. Henry y Russell acababan de empezar a pintar en ellos cuando yo los descubrí. ¿Marcos anaranjados? pregunté. "Eso no se verá bien".

Pero Henry quería saber como podrían pintar en las paredes con sus crayolas.

"Bueno, vamos a pensar cómo lo podemos hacer", les dije yo. La discusión fué desde libros de colorear, hasta grandes hojas de periódico en la mesa del comedor y quizas hasta buscar un caballete de pintura en una venta, ésto claro, suponiendo que hubiera una venta y que nadie más lo quisiera. Pero la discusión siempre regresaba al deseo de poder pintar de pie y a gran escala. Admitiento que la pared era perfecta para eso, creo que fuí yo el que sugirió que la pared tuviera papel para pintar en ella.

"No tenemos papel suficientemente grande para eso", fué la objeción.

"¿Entonces, en dónde podemos encontrar papel lo suficientemente grande como para eso?. Al hablar más del asunto nos llevó a papel periódico, pero de nuevo el problema era que tenía tinta ya pintada. "¿ Y que hay acerca de encontrar papel periódico antes de que impriman en él? ¿Dónde podríamos conseguir algo? ¡La planta del periódico! Una rápida búsqueda en el directorio telefónico nos dió la información que necesitábamos: "Sí, ellos tenían restos de rollos que nos darían muy baratos. Un viaje a la planta y 3 dólares nos dió todo el papel que necesitábamos.

Empezamos en una esquina del comedor, exactamente en el lugar en dónde ellos habían empezado a pintar en el marco de madera y de ahí siguió pegándolo con cinta alrededor de todo el comedor, saltándonos las puertas por supuesto. A continuación la familia entera se unió a la "fiesta de crayolas". Despues de más ó menos una semana en que nos cansamos de mirarlo, lo quitamos y pusimos papel nuevo. ¡Pasamos un gran momento! Esto sucedió a lo largo de varios días y cuando se acabó, se acabó. Nunca más escribieron ó pintaron en las paredes, y ni siquiera mencionaron la idea de nuevo.

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